
Se repite la misma escena que en la pasada Jornada Mundial de la Juventud, cuando el Papa llegó a la ciudad alemana de Colonia al comienzo de la JMJ 2005 para ser recibido por jóvenes de todo el mundo.
En estos instantes la Bahía de Barangaroo, que baña la Opera de Sydney y el Puente Harbour, es surcada por numerosos barcos y lanchas, y su orilla está a rebosar de jóvenes que ansían la llegada del Papa para darle la bienvenida.
Sydney rebosa alegría.
Pablo Hernández Breijo
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